domingo, 10 de mayo de 2009

3. Esquema de la economía catalana

Con una superficie que no rebasa un seis por ciento del territorio español, Catalunya no deja de ser, por lo menos económicamente, la provincia más importante, más rica, de la península. 

En tanto que la actividad del resto de España va orientada esencialmente hacia la agricultura, la industria tiene su mayor representación en Catalunya. Resulta para ella, por este hecho, una densidad de población dos veces superior a la mediana registrada en la totalidad del territorio. 

Aparte de las riquezas del subsuelo, de las cuales España está provista casi por doquier, Catalunya detenta una parte importante de las riquezas nacionales. Se comprende, pues, el papel considerable que jeuga en el desenvolvimiento intenso de la industria catalana, a propósito de lo que nos ocupa, la explotación colectiva de las empresas. 

Así, por ejemplo, el ramo textil, el primero en toda la industria española, comprende casi únicamente a Catalunya. En efecto, el 93 por 100 de todas las hiladuras de España trabajan en las fábricas de Terrassa y Sabadell, dos pequeñas villas industriales de la provincia de Barcelona. Estas dos villas representan mucho más el centro de la industria española que no lo son Lille, Roubaix y Tourcoing para Francia. Esta industria algodonera, alrededor de la cual se desenvuelven todas las otras ramas del textil, fabricación de lana, sedas naturales y artificiales, vestidos, confecciones, etc., ocupa a más de 200.000 obreros. Ella tiene desde hace muchísimo tiempo el primer renglón para las materias importadas a causa de sus necesidades en algodón bruto y una de las primeras plazas en la exportación de productos manufacturados. 

Las industrias vitales no están aún muy desarrolladas en España. Por lo tanto, en este terreno, el equiparamiento de Catalunya es el más perfeccionado que hay en el país. Una industria metalúrgica importante, algunas grandes fábricas de productos químicos transforman una parte de nuestras primeras materias en mercancías terminadas. 

Sin embargo, hoy día, como por doquier en España, la mayoría del mineral extraído aquí pasa la frontera en estado bruto para llegarnos en forma de máquinas y mercancías diversas. 

Otras ramas de industria, más o menos desarrolladas, se juntan a éstas. La producción de cueros y pieles, de maderas de todas esencias, una industria próspera, la alimentación por la agricultura, la pesca, etc., que ha aumentado al ritmo de los progresos realizados, se concentran en este pequeño país de Catalunya. 

Si la industria está hoy ya más avanzada que en el resto de la península, las posibilidades de desenvolvimiento en el porvenir son más grandes todavía. Gracias a un subsuelo colmado de una gran variedad de minerales importantes (carbones, lignitos, hierro, plomo, zinc, potasa, manganeso, sal, bauxista, etc.) y gracias a una abundancia excepcional de saltos de agua y otras posibilidades de explotación de energía hidráulica, la industria catalana se verá en condiciones de multiplicar rápidamente el volumen de su producción. 

Si España entera se acerca hasta el límite de las posibilidades prácticas de una autarquía ideal (su suelo y su subsuelo le dan casi todo lo que reclaman la industria y el consumo). Catalunya misma parece estar muy cerca de una tal economía completa. Su agricultura, lejos de tener las riquezas de las tierras de Castilla, Andalucía y Extremadura, produce, por lo tanto, toda la gama de productos indispensables. Aunque esto sea en cantidades insuficientes para una población tan densa, la agricultura de Catalunya suministra con la misma facilidad cereales, maíz, legumbres y arroz que uvas y olivas. Estas últimas, plantadas especialmente a lo largo de la costa mediterránea, dan una colecta rebasando las necesidades del consumo, y son, por ello, un excelente artículo de exportación. 

Al lado del cultivo de las tierras, se encuentran en el terreno geológicamente tan variado de Catalunya pastos con cría de todas clases, así como bosques, extremadamente diversos. 

La vecindad con Aragón, cuya agricultura está todavía más desarrollada, constituye otra reserva de alimentación para la Catalunya industrial. Las vías de transporte más importantes igualmente del país, la navegación mediterránea por el gran puerto de Barcelona, aseguran las posibilidades técnicas de un desarrollo económico que ha comenzado desde los primeros días de la explotación de las fábricas por los obreros. 

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